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lunes 23 marzo 2026

Derechos en retroceso: cómo se están vaciando las políticas de género en Argentina

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Una especialista del Instituto de Estudios sobre Derecho, Justicia y Sociedad de Conicet y la UNC, analiza cómo, sin derogar leyes, se desmantelaron políticas públicas clave para las mujeres y las diversidades. También imagina los posibles caminos de resistencia.

Por Mariela López Cordero

Los derechos de las mujeres y las diversidades fueron avanzando paulatinamente hacia una mayor igualdad a lo largo de la historia argentina. Este progreso ocurrió fundamentalmente en las dos primeras décadas de este siglo.

Sin embargo, con el advenimiento de Javier Milei a la presidencia, algo cambió. “Ministerio de la Mujer, ¡afuera!”, se transformó en un símbolo de la irrupción en el Estado de una mirada radicalmente diferente sobre la cuestión de géneros.

“Esta ofensiva en contra los derechos sexuales y (no) reproductivos, es parte de una agenda política que busca deslegitimar el feminismo, vaciar políticas públicas y reordenar jerarquías de género”, asegura Agostina Copetti, becaria doctoral del Conicet en el Instituto de Estudios sobre Derecho, Justicia y Sociedad (Idejus), perteneciente al Conicet y la UNC.

Copetti también es abogada y adscripta de la Facultad de Derecho (UNC). Investiga este fenómeno, desde una perspectiva que cruza la sociología jurídica y las ciencias políticas. En el marco de un nuevo Día Internacional de la Mujer, nos ayuda a reflexionar sobre cómo se construyó este escenario en Argentina

Según se reconstruye en su trabajo, históricamente hubo un sector que se oponía activamente a los avances promovidos desde los feminismos, en particular, los derechos sexuales y (no) reproductivos, como por ejemplo el aborto. “Estos movimientos neoconservadores, hoy están muy ligados a los partidos políticos de derecha. Pero no fue siempre así”, describe Copetti. Por el contrario, como una corriente de fuerte raigambre religiosa, el neoconservadurismo se expresaba en integrantes de todas las fuerzas políticas.

La investigadora detectó que después de los debates de 2018 y 2020, con la efectiva legalización del aborto, el movimiento neoconservador empezó a articularse más evidentemente con las derechas. «No son lo mismo, pero convergen en este momento histórico. Esa convergencia también permite que Milei llegue al poder, absorbiendo agendas, partidos políticos y dirigentes que estaban en otros espacios partidarios”, reseña.

Y explica que el concepto de ideología de género permite esa confluencia: “Funciona como un significante vacío, como un aglomerante de demandas, de dirigentes, de actores que quizás en otro momento no podrían haberse coordinado”.

Consecuencias

Desde la actual gestión de La Libertad Avanza se implementó un fuerte achicamiento del Estado y sus funciones. En este marco hubo un avance sobre los derechos sociales y un ataque específico al género. “Desde el principio, con la ley Ómnibus y la Ley Bases, hubo un ataque a los derechos sociales. Pero en materia de género no se ha derogado ninguna ley. El modus operandi es el desmantelamiento de las políticas públicas”, comenta Agostina.

De acuerdo con la investigadora, los tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional, no solo hablan del derecho formal, sino que mandan a los Estados a garantizar efectivamente esos derechos. Y las políticas públicas cumplen un papel fundamental en esa concreción.

Agostina asegura que lo que hizo Milei desde su llegada al gobierno dejar de garantizar esos derechos a través de la eliminación o reducción del presupuesto destinado a esas políticas. “Disolvió el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad; desfinanció programas, consejos y observatorios que brindaban datos especializados al respecto; canceló el plan ENIA, de prevención del embarazo no intencional en la adolescencia; eliminó el DNI sin género; desabasteció insumos en materia de salud sexual y reproductiva”, enumera.

Para Copetti, la reforma laboral también impacta en las mujeres. “Cuando se flexibiliza el trabajo se debilitan derechos y se recortan prestaciones. Las mujeres somos las más afectadas porque, como muestran muchos estudios, somos las que más trabajo precarizado tenemos. Además, por la división sexual del trabajo, las tareas de cuidado que el mercado y el Estado no reconocen, recaen completamente sobre nosotras”, señala.

Agostina Copetti, becaria doctoral del Conicet en el Instituto de Estudios sobre Derecho, Justicia y Sociedad (Idejus), perteneciente al Conicet y la UNC. También es abogada y adscripta de la Facultad de Derecho (UNC).

Confluencias

Muchas de las reformas que está realizando Milei son presentadas como modernización. Pero ¿qué significa modernizar? “Ellos lo usan como sinónimo de innovar, mientras que nos están devolviendo a una época histórica pasada. Es un retroceso en términos de derechos”, asegura Agostina.

Frente al interrogante de si sería posible llevar a cabo una reforma económica como la actual sin ir en contra de los derechos sociales, de las mujeres y de las diversidades, Agostina es categórica: “Leyeron a Marx, leyeron a Gramsci, a Hayek. Saben muy bien que el sistema no es netamente económico, tiene un montón de esferas que están interconectadas y que una sustenta a la otra. Entonces, este modelo económico necesita un cambio cultural, político y social”.

Y por ello, según la investigadora, tejen discursos aceptados por gran parte de la sociedad. “Cierran a la perfección porque asocian su modelo a significantes muy poderosos como modernización, vida, familia, libertad y, como el enemigo, siempre las mujeres feministas. El discurso cierra y va calando en las subjetividades”, afirma.

Reconfiguraciones

En todo este panorama, ¿dónde queda ubicado el feminismo? “Creo que hay una necesidad de rearticulación. En un momento de desmovilización, donde hay un sujeto político totalmente atomizado, pienso en la importancia de reconstruir el lazo social que, muchas veces, no se da necesariamente desde los puntos en común sino desde las insatisfacciones”, reflexiona la investigadora.

Copetti cree que el movimiento feminista tiene que empezar a pensar con qué sectores existen insatisfacciones comunes. Articularse con espacios que quizás antes no se habían encontrado, pero pueden hacerlo a la luz de este contexto particular aunque eso quizás signifique que en algún momento la bandera principal no sea una demanda propia.

Por otra parte, la investigadora rescata la importancia de no abandonar los espacios partidarios. “Aunque nuestra democracia sea débil y dudemos de cómo llegar a espacios de representación, no tenemos que dejar de formar parte de esas estructuras, porque son medios efectivos para conseguir cambios concretos”, expresa.

Finalmente, Agostina señala que el desafío fundamental de los feminismos en Argentina hoy, consiste en volver a conectar la cuestión de derechos de género con la de los derechos sociales y laborales. “La autonomía económica, el empleo con derechos y la política de cuidado no son demandas accesorias, sino condiciones materiales de la vida, indispensables para que exista una igualdad sustantiva”, sostiene.

Y concluye: “No solo como estrategia política actual, sino también como una recuperación del sentido histórico que tiene esta fecha. El 8M empieza siendo como una disputa de una lucha de trabajadores por condiciones condiciones dignas de vida y de trabajo. Es un buen momento para volver a levantar esas banderas y resignificarlas”. (UNCiencia)

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