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miércoles 4 febrero 2026

Crecen los despidos masivos y la conflictividad laboral en todo el país

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Entre las principales causas del deterioro laboral se destacan la contracción del consumo, el encarecimiento de tarifas energéticas y cargas financieras, y la apertura de importaciones.

La Argentina atraviesa un inicio de año marcado por una fuerte crisis en el mercado laboral, con despidos masivos, suspensiones y cierres de plantas que se multiplican en distintas provincias. La combinación de apertura de importaciones, caída del consumo interno y aumento de los costos operativos profundizó la pérdida de puestos de trabajo en sectores clave como la industria textil, alimenticia, metalúrgica y automotriz, dejando a miles de familias en una situación de incertidumbre.

Según datos oficiales, solo en octubre de 2025 se perdieron más de 33.000 empleos registrados en el sector privado. Desde la asunción del presidente Javier Milei, la destrucción de puestos de trabajo acumulada supera los 270.000, con una aceleración del fenómeno durante enero de 2026. La industria manufacturera aparece como una de las más afectadas, con más de 60.000 empleos perdidos en los últimos dos años.

Entre las principales causas del deterioro laboral se destacan la contracción del consumo, el encarecimiento de tarifas energéticas y cargas financieras, y la apertura de importaciones, especialmente de productos asiáticos a bajo costo, que generan una fuerte presión sobre la producción nacional.

El sector textil, entre los más golpeados

La industria textil atraviesa uno de sus peores momentos. En Tucumán, la empresa Hilados SA (TN & Platex) paralizó su planta hasta febrero de 2026 y suspendió a 190 trabajadores, en un contexto de desplome de la demanda interna y duplicación de las importaciones de indumentaria desde China. En La Rioja, la misma firma cerró otra fábrica, dejando sin empleo a unos 70 operarios tras una fuerte reducción de su plantilla.

Situaciones similares se repiten en otras provincias. En Santiago del Estero, Coteminas Argentina SA anunció 57 despidos recientes, que se suman a otros 55 producidos en los últimos dos meses. En tanto, la histórica firma Emilio Alal SACIFI cerró sus plantas en Goya (Corrientes) y Villa Ángela (Chaco), afectando a 260 trabajadores, en medio del ingreso masivo de productos importados, el aumento de los costos y la caída del poder adquisitivo.

Crisis extendida a otros sectores industriales

La problemática no se limita al rubro textil. En la industria alimenticia, el cierre de la planta de papas fritas de Lamb Weston en Munro dejó a 100 trabajadores sin empleo. En el sector avícola, empresas como Granja Tres Arroyos y WADE enfrentan conflictos por incumplimientos salariales, con más de 1.000 trabajadores afectados en la provincia de Buenos Aires.

También se registran suspensiones en frigoríficos, como el caso de la firma creadora de la marca Paty, que dejó inactivos a 450 operarios, y conflictos prolongados como el del Frigorífico Euro en Villa Gobernador Gálvez, donde 150 empleados ocupan la planta desde noviembre por falta de pago de salarios.

En la industria automotriz, la producción y las exportaciones cayeron alrededor del 30%, con suspensiones en General Motors Alvear, en Santa Fe, que redujeron los ingresos de casi 600 trabajadores. En Tierra del Fuego, la eliminación de aranceles a la importación de celulares pone en riesgo unos 2.500 empleos del sector electrónico.

Una crisis laboral de alcance federal

El escenario se replica en distintos rubros y regiones del país. En San Luis, trabajadores mineros denuncian vaciamiento empresarial; en Córdoba, una metalúrgica despidió a más de 50 operarios en los últimos meses; en Rosario, empresas cerraron sin previo aviso; y en Chubut, la salida de YPF provocó la pérdida de miles de puestos de trabajo directos e indirectos, con un fuerte impacto en la economía regional.

También se registraron despidos en el comercio, la seguridad privada, la petroquímica y el sector asegurador, donde los gremios alertan por miles de empleos en riesgo.

Conflictividad en alza y un febrero incierto

Frente a este panorama, la respuesta de los trabajadores se traduce en un aumento de la conflictividad, con paros, ocupaciones de plantas, asambleas y protestas impulsadas por distintos sindicatos, que reclaman reincorporaciones, pago de salarios adeudados y garantías de continuidad laboral.

La capacidad instalada de la industria volvió a caer en noviembre de 2025 y no hay señales claras de recuperación en el corto plazo. En este contexto, se espera un febrero de alta tensión, marcado por el avance del tratamiento de la reforma laboral en el Congreso y la falta de diálogo entre el Gobierno y las organizaciones sindicales, lo que podría derivar en nuevas medidas de fuerza a nivel nacional.

Fuente: mundogremial.com

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