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Olavarría
sábado 7 febrero 2026

Celulares, zonas de riesgo: la ciudad distraída y el peligro cotidiano

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En Olavarría, como en gran parte del país, el uso inadecuado del celular en calles, aulas y hogares refleja un problema social profundo.

En Olavarría es cada vez más común ver a personas caminando por las veredas, circulando en bicicleta o manejando automóviles y motocicletas con la mirada fija en la pantalla del celular. Este hábito, naturalizado como parte de la vida diaria, representa un riesgo real para la seguridad vial y la convivencia urbana. La situación local se inscribe en una tendencia más amplia: a nivel provincial y nacional, grandes proporciones de la población reconocen los peligros del uso del teléfono en situaciones de movilidad, pero no adoptan medidas para evitarlo.


🚗 Movilidad y distracción: una ecuación peligrosa

Una encuesta de la Defensoría del Pueblo bonaerense reveló que el 42 % de los conductores no toma ninguna medida para evitar usar el celular mientras maneja, aun cuando casi la totalidad (90 %) reconoce que esta práctica pone en peligro a otras personas en la calle.

Los datos detallan comportamientos concretos: ante una llamada, 13,4 % responde sin dejar de manejar, y otro 28,2 % la gestiona con manos libres o altavoz. Cuando llega un mensaje, el 43,8 % lo revisa mientras espera en un semáforo. Aunque algunos detienen el vehículo o ignoran la notificación, una fracción significativa interactúa con el teléfono en marcha, lo que disminuye la atención en una fracción de segundo que puede ser la diferencia entre evitar o provocar un accidente.

Estos comportamientos, observados cotidianamente también entre conductores locales, reflejan una brecha entre la conciencia del riesgo y la conducta real al volante, un fenómeno que representa un desafío para la seguridad vial.


🎒 Aulas fragmentadas y atención dividida

El uso del celular no se circunscribe al tránsito. En las escuelas secundarias de Olavarría, docentes advierten sobre la interferencia de estos dispositivos en el proceso educativo. Muchos estudiantes utilizan redes sociales y aplicaciones de mensajería durante la clase, lo que fragmenta la atención y complica la tarea docente. Estudios provinciales también señalan que una gran parte del alumnado reconoce que su uso en contextos escolares influye negativamente en su concentración y rendimiento académico.


🏠 Familias hiperconectadas: tiempo fuera del aquí y ahora

En los hogares olavarrienses, como ocurre en otros lugares del país, cada integrante de la familia convive con la “pantalla personal”. Horas dedicadas a revisar redes sociales, responder mensajes o consumir contenidos digitales desplazan otras formas de interacción humana o actividades recreativas tradicionales como la lectura, el cine o el deporte.

Encuestas recientes sugieren que una proporción considerable de personas siente que su uso del celular tiene un carácter problemático, con impacto en los vínculos sociales y la salud mental.


📊 Una sociedad que normaliza el peligro

Pese a que la mayoría de los conductores encuestados considera que usar el teléfono al volante es “muy peligroso” o “bastante peligroso”, solo una minoría detiene el vehículo para interactuar con el teléfono, y un porcentaje notable revisa mensajes mientras conduce.

Además, casi dos de cada tres conductores consideran “muy probable” o “algo probable” verse involucrados en un siniestro por esta causa. La mayoría de los encuestados está de acuerdo con la prohibición legal de manejar y usar el celular, y casi cuatro de cada cinco considera que las sanciones deberían endurecerse.


👍 Lo útil y lo dañino: dos caras de la misma moneda

No se puede desconocer que los teléfonos inteligentes facilitan la comunicación, el acceso a la información y la gestión de múltiples actividades. Sin embargo, cuando su uso invade zonas donde la atención debe ser prioritaria —como la conducción, las aulas o las relaciones personales— sus efectos se vuelven contraproducentes.


🧠 Recuperar atención, recuperar comunidad

La experiencia cotidiana en Olavarría es un síntoma de una transformación social más profunda: la normalización de la distracción permanente. La tecnología en sí no es el problema, sino la falta de límites y de conciencia crítica sobre cuándo y cómo usarla.

Recuperar la atención como valor colectivo implica cuestionar hábitos arraigados, promover la educación en el uso responsable de dispositivos y fortalecer normas que protejan la seguridad y la calidad de vida. La atención plena no es nostalgia: es una condición necesaria para construir una convivencia más segura, enriquecedora y humana en la ciudad. (InfoNoticias)

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