Su partida a Atlético Mineiro, en plena competencia, reabre un debate eterno del fútbol argentino: la dificultad de sostener proyectos y la rareza de marcharse en el éxito.

Por Daniel Avellaneda
La despedida estuvo cargada de emoción. Al pie del campo de juego, Eduardo Domínguez se dejó envolver por el amor de una tribuna que terminó poniéndolo en el pedestal de los grandes ídolos. Y aunque no se trata de un hombre del riñón de Estudiantes, terminó adoptado por los hinchas. Como Carlos Salvador Bilardo, que se formó en San Lorenzo pero hizo escuela en 1 y 57. El “Barba” quedó a un título de alcanzar a Osvaldo Zubeldía, el técnico campeón del mundo. Y su salida intempestiva, sorpresiva en el medio del Torneo Apertura y en la antesala de la Copa Libertadores, dejó un vacío muy difícil de llenar. También, una reflexión que dispara el debate en un fútbol argentino dominado por ciclos cortos. ¿Cuándo decir adiós? No es común, en definitiva, partir a bordo del éxito.
Es cierto que el “hasta luego” de Domínguez se produjo tras una oferta imposible de rechazar desde el punto de vista económico. El entrenador de 47 años cobrará 3 veces más en Atlético Mineiro, que lo vino a buscar tras echar a Jorge Sampaoli, acaso el peor técnico que haya pasado por la Selección Argentina.

Cinco títulos con Estudiantes
El “Barba” ganó cinco estrellas con Estudiantes: Copa Argentina 2023, Copa de la Liga Profesional 2024, Torneo de Primera División 2025 y los Trofeos de Campeones de los últimos dos años. Había ganado la Copa de la Liga Profesional con Colón en 2021 y la Supercopa Uruguaya con Nacional en 2019.
Algunos relacionan el lazo familiar que lo une con Carlos Bianchi, su suegro. Domínguez no tiene el celular de Dios, pero está angelado. Su trabajo convenció a todos, incluso a Juan Sebastián Verón, que hubiera preferido otro entrenador pero aceptó la propuesta de Marco Angeleri, el director deportivo, del mismo modo que hizo en esta oportunidad con Alexander Medina. El Cacique se transformó en el nuevo entrenador pincha, muy a pesar de que apenas ganó 8 de los últimos 45 partidos que dirigió en Vélez y Talleres de Córdoba, donde ganó la Supercopa Internacional ante River por penales.
Domínguez había acordado la renovación de su contrato a principios de enero, pero tenía claro que iba a ser difícil competir por las salidas de Santiago Ascacicar, transferido a Boca, y Cristian Medina, quien partió a Botafogo. El fútbol brasileño es tentador desde lo económico; también, en el aspecto deportivo. El Brasileirao goza de buena reputación, compiten 20 equipos y todos pelean por todo. No hay promedios, claro. También pesa el torneo estadual. Y en la intimidad, el “Barba” cree que una buena campaña en el gigante sudamericano le dará el impulso necesario para llegar a las grandes ligas de Europa.
Que Domínguez se haya ido rodeado del cariño de la gente y los jugadores, que hicieron una ronda infantil para despedirlo tras el triunfo del viernes ante Sarmiento, le representa un doble desafío al entrenador: dejar atrás un trabajo en el que todo fluía para lanzarse a una aventura. Puede ser un crecimiento o un retroceso, los resultados dirán.

Pocos casos similares
Hay pocos casos parecidos al de Domínguez. Marcelo Bielsa y Alejandro Sabella se fueron de la Selección Argentina en la cúspide. Julio Grondona no lo podía creer. El Loco, que había sido blanco de las críticas por su fracaso en Corea-Japón 2022, se quedó sin energía cuando el equipo desfilaba en las siguientes Eliminatorias. Pachorra, crédito pincha, le dijo “no” al entonces presidente de la AFA luego de perder la final ante Alemania en Brasil 2014.
Más cerca en el tiempo, hay otro ejemplo de un técnico campeón que abandonó su cargo después de dar la vuelta olímpica. En realidad, son dos entrenadores. Se trata de la dupla que forman Favio Orsi y Sergio Gómez. Hicieron una campaña espectacular en Platense. Vencieron en el “mata-mata” a Racing, San Lorenzo, River -todos de visitante- y Huracán en una histórica final. A pesar del logro, renunciaron. Esperaban una propuesta de afuera que nunca llegó, fueron contratados por Newell’s este año y duraron apenas media docena de fechas. La derrota ante Banfield (3 a 0 en el Florencio Sala) fue lapidaria.
La situación de Marcelo Gallardo también es similar a la que por estas horas vive Domínguez. Es real que el Muñeco no se fue de River a otro club; en octubre 2022, decidió terminar con un legendario ciclo de ocho años en el que conquistó 14 títulos (7 internacionales y 7 nacionales), incluyendo dos Copas Libertadores (2015 y 2018). La última produjo un quiebre en los Superclásicos con la victoria (3 a 1) ante Boca en Madrid.
Entonces, Gallardo quiso tomarse un descanso. Más adelante, partió rumbo a Arabia Saudita. Ganó petrodólares, pero ningún título en el Al Ittihad. Volvió al país y la banda roja fue tentadora. No había feeling de los hinchas con Martín Demichelis, muy a pesar de que obtuvo tres estrellas en Núñez. Su despido coincidió con la vuelta del ídolo. Pero segundas partes, dice el refrán, nunca fueron buenas.
Ahora mismo, el Muñeco se debate entre seguir o darse por vencido. Perdió 3 partidos consecutivos en el Torneo Apertura (Argentinos, Tigre y Vélez) y tuvo poco sabor la victoria ante Ciudad de Bolívar (1 a 0), un rival de la Primera Nacional. River cayó en 10 de los últimos 15 encuentros de la Liga Profesional.
En el Monumental, se habla de “un período de reflexión”. El final está abierto. Tal vez, Gallardo necesite seguir el ejemplo de Domínguez, más allá de que el presente de uno y otro es inverso. Porque si es difícil abandonar un empleo cuando algo funciona, también es inteligente irse antes de ser echado. Y el fútbol, por más peso que tengas en su historia, en ese sentido es inclemente. (DIB)


