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miércoles 25 febrero 2026

A 26 años de una gesta inolvidable: el Estudiantes que encendió la llama de la grandeza

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En diciembre de 1999, el Bata conquistó la Liga Junior de Básquetbol tras superar con autoridad a Nueve de Julio de Río Tercero, San Lorenzo de Chivilcoy y Ferro Carril Oeste.

El punto de partida de una generación brillante

Entre el 10 y el 12 de diciembre de 1999, Olavarría fue escenario de una final que marcó una época. Estudiantes se impuso 81–68 a Nueve de Julio de Río Tercero, 87–62 a San Lorenzo de Chivilcoy y cerró su coronación con un contundente 95–61 frente a Ferro Carril Oeste.
Los resultados no solo reflejaron supremacía deportiva: confirmaron la madurez anticipada de un grupo que ya exhibía disciplina, temple y una convicción que trascendía la categoría.

Un plantel que dejó huella ⭐

Aquel equipo reunió a Leonardo Bonetto, Matías Gelso, Federico Marín, Lucas Moyano, Bruno Tosetto, Darío Mansilla, Marcos Cavilla, Fernando Mendía, Mariano Sarthou, José Mikulas, Federico Arce y Paolo Tosetto.
Completaban la delegación Juan Zyla, Sebastián Tosetto, Ramiro Lorenzo, Sebastián Guiles, Germán Rojas, Luciano Minutillo y Luis Montenegro.
Con alturas y roles que hoy parecen un anticipo de carreras ascendentes, estos jóvenes dieron forma a una estructura competitiva que miraba hacia adelante sin perder identidad.

El sello de un cuerpo técnico decisivo

Luis Emilio Jusid encabezó un staff que trabajó con precisión formativa e intensidad competitiva. Lo acompañaron Ernesto Pires, luego Osvaldo Goñi, el preparador físico Claudio Álvarez, el kinesiólogo Silvio Gatti, el utilero Ricardo Moyano, el planillero Héctor Radaljac y el jefe de equipo Pedro Escobar.
Bajo ese liderazgo integral se consolidó un funcionamiento que combinó táctica, preparación física y un sentido profundo de pertenencia.

La semilla de los años dorados de Estudiantes 🏆

El tiempo confirmó lo que el básquet olavarriense intuía. Varios de los nombres que integraron la consagración juvenil se proyectaron luego a la Liga Nacional, donde formaron parte de los ciclos más brillantes del club.
Aquella camada no solo ganó un título: inició un camino que alimentó a la institución con carácter competitivo, profesionalismo y un modo de sentir el básquet que todavía se reconoce en la memoria colectiva.

Una celebración que vuelve cada diciembre

A 26 años de aquella final, la evocación mantiene intacta la emoción. El logro deportivo se combina hoy con un legado formativo que explica por qué Estudiantes vivió años de grandeza nacional.
Aquella Liga Junior fue, en definitiva, el prólogo de una historia mayor: la de un club que transformó talento juvenil en gloria deportiva, dejando para siempre un capítulo imborrable en la identidad basquetbolística de Olavarría. (InfoNoticias)

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