
Hoy se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Gabriel Germán Riofrío, uno de los jóvenes basquetbolistas más talentosos y recordados de la historia de la Liga Nacional de Básquet de Argentina.
Nacido en Córdoba el 26 de abril de 1977, Riofrío dejó una huella imborrable en Olavarría y en el deporte pese a su corta carrera profesional, truncada trágicamente el 7 de enero de 2001, cuando tenía apenas 23 años.
El alero cordobés, que debutó en la Liga Nacional con apenas 15 años con Banco de Córdoba, se consolidó como una de las promesas del básquet argentino antes de su fallecimiento durante un partido entre Estudiantes de Bahía Blanca y Libertad de Sunchales, cuando sufrió un paro cardiorrespiratorio en pleno juego. Tras ser asistido en el campo y trasladado al hospital, no se pudo revertir la situación y murió esa noche, en un hecho que conmocionó al deporte nacional.
A lo largo de su carrera, Riofrío vistió las camisetas de varios clubes importantes, entre ellos Gimnasia de Comodoro Rivadavia, Andino de La Rioja, Atenas de Córdoba —con el que fue campeón de la Liga Nacional en 1997/98—, Estudiantes de Olavarría y Estudiantes de Bahía Blanca, donde disputó sus últimos encuentros.
Además, su calidad lo llevó a integrar las selecciones juveniles argentinas, en torneos que marcaron los primeros pasos de la llamada Generación Dorada del básquet nacional, junto a jugadores que luego serían figuras reconocidas internacionalmente.
La muerte de Riofrío no solo significó una pérdida deportiva, sino también humana: compañeros y rivales lo recuerdan como un “jugador extraordinario” y una persona respetada dentro y fuera de las canchas. En homenajes posteriores, figuras como Fabricio Oberto llevaron la camiseta de Riofrío en sus celebraciones, y el club Banco de Córdoba bautizó su estadio con el nombre de Gabriel Riofrío como muestra de su legado.


