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miércoles 4 febrero 2026

La Sexta Napolitana: cuando la música vuelve a sentirse en el cuerpo

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En la previa del Día Nacional del Músico, el galpón Vibra fue escenario de un concierto íntimo y revelador. La Sexta Napolitana, un trío joven y preciso, ofreció una experiencia sonora que combinó jazz, exploración progresiva y una sensibilidad poco frecuente en tiempos dominados por fórmulas repetidas.

El jueves 22 de enero asistí al galpón Vibra con la expectativa habitual de quien va a escuchar música en vivo, pero sin imaginar que terminaría atravesado por una experiencia tan profunda. Esa noche, en la antesala del Día Nacional del Músico en la Argentina, La Sexta Napolitana desplegó un concierto que no sólo se escuchó: se sintió en el cuerpo. Y cuando eso ocurre, algo distinto está pasando.

🎶 Un trío joven con una madurez sorprendente

La banda está integrada por tres músicos jóvenes: Manuel Rub en batería, Nemo Eisenstein en teclados y Jeremías Peltrín Valdez en saxos. Una formación mínima que, lejos de limitar, potencia cada decisión musical. El tecladista, además, asumió con solvencia el rol de los bajos, completando un entramado sonoro compacto y preciso. Nada sobra, nada falta. Cada intervención parece pensada, pero nunca rígida; hay libertad, escucha mutua y una notable inteligencia colectiva.

No recuerdo —y lo lamento— el playlist de la noche. Sin embargo, ese dato resulta casi secundario frente a lo vivido. Lo que La Sexta Napolitana propone puede inscribirse en el jazz, el jazz rock o la música progresiva, aunque cualquier etiqueta queda corta. Hay referencias implícitas a grandes músicos de esos universos, pero no como copia ni homenaje literal, sino como huellas asumidas con naturalidad y transformadas en una voz propia.

🎷 Finura, riesgo y emoción

Las finísimas notas de jazz se entrelazaron con improntas de otros géneros, ejecutadas con una prolijidad y una precisión poco habituales. El saxo de Jeremías Peltrín Valdez supo ser melódico y áspero cuando fue necesario; la batería de Manuel Rub construyó climas con sensibilidad quirúrgica; y los teclados de Nemo Eisenstein oscilaron entre la armonía envolvente y la tensión justa. Hubo riesgo, hubo exploración y, sobre todo, hubo emoción.

La llamada “sexta napolitana”, en términos musicales, remite a un acorde que introduce extrañeza, dramatismo y un desplazamiento inesperado dentro de la armonía tradicional. Algo de eso sucede también con esta banda: aparece donde no se la espera, rompe la comodidad del oído y abre una puerta hacia otro paisaje posible.

🌱 Un refresco necesario y una señal de futuro

Pese a que el grupo ofreció un bis, el público se quedó esperando más. Nadie se movía. Había una sensación compartida de querer prolongar ese estado, de no romper el clima. En el imperio actual de los géneros dominantes —trap, reggaetón y sus lógicas de consumo veloz— propuestas como La Sexta Napolitana funcionan como un verdadero refresco y, más aún, como una proyección de futuro.

Salí del galpón Vibra con una certeza íntima: no todo está perdido. Mientras existan músicos jóvenes capaces de tocar con esta sensibilidad, este compromiso y este amor por el sonido, la música seguirá siendo un territorio donde imaginar otros mundos posibles. Y eso, en tiempos de ruido constante, es una forma de esperanza. (InfoNoticias)

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