La ganadería atraviesa un momento destacado en materia de precios, luego de haber alcanzado en marzo valores récord en términos reales. Tras ese fuerte salto, el mercado comenzó a mostrar un reacomodamiento, con bajas puntuales en algunas categorías que los especialistas interpretan como parte de un ajuste lógico más que como un cambio de tendencia.
En este contexto conviven dos factores clave: por un lado, un consumo interno que empieza a mostrar límites y condiciona nuevas subas; por otro, una oferta reducida que sigue sosteniendo los valores en niveles elevados.
La dinámica se observa especialmente en la invernada. El ternero, que había llegado a valores cercanos a los $7000 por kilo, hoy se ubica entre $6300 y $6700 según su calidad. Aun así, estos precios continúan siendo altos en comparación con el año pasado, cuando rondaban los $3000.
Durante el pico también se alteró la relación de reposición, con el ternero superando ampliamente el valor habitual respecto al novillo, una situación que ahora comienza a corregirse.
Mientras tanto, el ganado destinado a faena muestra mayor estabilidad, influido principalmente por el comportamiento del consumo.
El contexto económico general también juega su papel, ya que limita la capacidad de trasladar nuevos aumentos al mercado interno. A esto se suman factores climáticos: la reciente mejora en las lluvias generó mayor retención de hacienda y reactivó la demanda, lo que contribuye a sostener los precios.
En el plano externo, si bien hubo algunas mejoras en condiciones comerciales, el nivel de precios en dólares y el tipo de cambio afectan la competitividad, por lo que la exportación no tracciona con la misma fuerza que en otros momentos.
Uno de los factores estructurales más importantes es la baja oferta. En los últimos años, el stock bovino se redujo significativamente y su recuperación demandará tiempo.
La mayor retención de hembras, si bien apunta a recomponer el rodeo, reduce la disponibilidad en el corto plazo.
En este escenario, el mercado parece entrar en una etapa de mayor estabilidad, con fluctuaciones dentro de un rango más acotado. Los especialistas no prevén nuevas subas bruscas, pero tampoco caídas pronunciadas, en un contexto donde la escasez de hacienda seguirá siendo determinante en el sostenimiento de los precios.
Fuente Diario La Nación


