Preocupación en Puerto Madryn por el aumento de ballenas muertas: activaron un protocolo para su disposición

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La aparición de ejemplares muertos de ballena franca austral se intensificó desde junio en Puerto Madryn y Península Valdés. Tras el hallazgo de cinco animales en menos de 48 horas, las autoridades establecieron pautas para intervenir según la ubicación y el estado de cada cuerpo. Mientras tanto, los investigadores buscan determinar las causas de las muertes.

La cantidad de ballenas francas australes y ballenatos muertos que aparecen en las costas de Puerto Madryn y Península Valdés continúa en aumento y genera preocupación entre las autoridades ambientales. Ante una cifra de casos superior a la esperada para esta época del año, la Secretaría de Ecología y Protección Ambiental de Puerto Madryn estableció un protocolo para definir cómo actuar ante cada hallazgo, con especial atención a la seguridad de la población y al impacto ambiental.

Desde junio, los episodios se suceden semana tras semana, sin las pausas habituales entre los meses de la temporada. El momento más crítico se registró recientemente, cuando cinco ejemplares aparecieron muertos en menos de 48 horas, varios de ellos sobre la costanera céntrica de la ciudad.

Aunque la presencia de ballenatos muertos no es un fenómeno excepcional durante la temporada, la cantidad de casos registrados este año supera los valores esperados y mantiene en alerta a los equipos que trabajan en la zona.

Cómo funciona el protocolo para retirar o enterrar las ballenas

La aparición de un ejemplar muerto no implica que deba ser enterrado automáticamente en el mismo lugar. El procedimiento establece una evaluación previa para determinar la especie, registrar la ubicación, estimar el tamaño del animal y documentar el estado del cuerpo.

A partir de esa información, los equipos definen si es posible trasladarlo o si resulta necesario enterrarlo en un sector cercano. La elección del lugar debe contemplar distintos factores ambientales: evitar el alcance de las mareas más altas, reducir los efectos de la erosión costera y proteger las napas subterráneas y los pozos de agua.

Como primera medida, se establece un perímetro de seguridad de 100 metros alrededor del animal. Además, está prohibido perforar el cuerpo por cuenta propia para liberar los gases que se acumulan durante la descomposición.

En las playas turísticas, la señalización también busca evitar que los curiosos se acerquen al lugar y se expongan a posibles riesgos sanitarios.

Qué determina si una ballena puede ser trasladada

Víctor Fratto, licenciado en Gestión Ambiental e integrante del Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, explicó a ADNSUR que la decisión depende, en gran medida, del estado del cuerpo y de las posibilidades de manipularlo sin que se deteriore.

Cuando el traslado por tierra o por agua no es viable debido al peso, las condiciones del terreno o el estado del animal, se recurre al denominado enterramiento en cercanía. El método consiste en desplazar el cuerpo, cuando es posible, hasta un punto ubicado por encima de la línea de marea más alta y enterrarlo allí.

La técnica tiene antecedentes en Chubut, donde ya se había utilizado durante la emergencia por influenza aviar para disponer de ejemplares muertos de lobos y elefantes marinos.

“Si se corta la cola, ya no hay forma de manipular ese animal; entonces lo que se hace es enterrarlo en el mismo lugar”, explicó Fratto al describir las dificultades que pueden presentarse durante las tareas.

Actualmente, hay dos fosas activas en Playa Paraná, otra en Cerro Avanzado y una más en una estancia cercana que cedió terreno para colaborar con la disposición de los cuerpos ante el aumento de los casos.

Una vez finalizado el enterramiento, el sector queda señalizado para advertir sobre la presencia del cuerpo y evitar intervenciones de terceros.

El pedido de las autoridades: no acercarse y avisar al 103

Los especialistas también advirtieron sobre la importancia de controlar lo que ocurre después del entierro. Durante el proceso de descomposición pueden aparecer líquidos o gases en la superficie, una situación que requiere una evaluación ambiental.

Fratto pidió a la población que, ante la detección de estas señales, se comunique con los organismos correspondientes en lugar de limitarse a publicar imágenes en redes sociales.

“Para que se tomen medidas correctivas ambientales que favorezcan la salud pública, es mucho más efectivo llamar al 103 que poner una foto en Facebook”, señaló.

La recomendación apunta a facilitar una intervención rápida de las autoridades y evitar que las personas se acerquen a zonas donde puede haber riesgos sanitarios.

Investigan dos posibles causas de muerte

Mientras se organiza la disposición de los cuerpos, los investigadores trabajan para establecer por qué están muriendo los ejemplares. Las líneas de análisis son diferentes según la edad de los animales.

En el caso de los ballenatos, las primeras muestras detectaron una bacteria asociada a la erisipela, una infección que puede comprometer distintos órganos. Sin embargo, los resultados son preliminares y todavía no permiten establecer una causa definitiva para los fallecimientos.

En los ejemplares juveniles y adultos, en cambio, se investiga una posible intoxicación por biotoxinas vinculadas a la marea roja, un fenómeno asociado a la proliferación de determinados organismos que pueden producir sustancias tóxicas.

Para avanzar con los estudios, se enviaron muestras a laboratorios de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Trelew, y del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), con sede en Mar del Plata.

Por el momento, ninguno de los análisis ha arrojado resultados concluyentes.

Un fenómeno que preocupa a la región

El incremento de los hallazgos plantea dos desafíos simultáneos: garantizar una disposición segura de los cuerpos y determinar qué factores están provocando las muertes.

Mientras continúan los estudios científicos, las autoridades insisten en respetar los perímetros de seguridad, no manipular los ejemplares y comunicar cualquier anomalía detectada en los sitios de enterramiento.

La identificación de las causas será clave para comprender si los fallecimientos responden a factores infecciosos, ambientales o a una combinación de distintas variables.

Fuente: Diario La Nación

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