La ansiedad social puede ir mucho más allá de la timidez y llegar a interferir en los estudios, el trabajo y las relaciones personales. Especialistas explican cuáles son algunas de las conductas que pueden reforzarla y qué herramientas pueden ayudar a recuperar progresivamente la confianza.
Sentir nervios al conocer personas nuevas, hablar frente a un grupo o atravesar una situación desconocida es una experiencia habitual. Sin embargo, cuando ese temor comienza a limitar actividades cotidianas y lleva a evitar sistemáticamente situaciones sociales, puede tratarse de ansiedad social.
El trastorno puede afectar diferentes ámbitos de la vida y, en algunos casos, generar aislamiento, dificultades para establecer vínculos e incluso consecuencias en el rendimiento académico o laboral.
Un caso citado por BBC Mundo es el de Mary, un nombre ficticio utilizado para preservar su identidad. Durante la adolescencia comenzó a experimentar una fuerte ansiedad en situaciones sociales que terminó afectando su vida escolar y posteriormente sus años universitarios.
Según su relato, evitaba incorporarse a grupos o actividades porque estaba convencida de que los demás no tendrían interés en conocerla. Con el tiempo, fue diagnosticada con un trastorno de ansiedad social.
Cuándo deja de ser simplemente timidez
Los especialistas señalan que es importante diferenciar la incomodidad habitual frente a determinadas situaciones de un cuadro que realmente condiciona la vida cotidiana.
Para Neil Greening, presidente de la Alianza contra la Ansiedad Social del Reino Unido, muchas personas terminan interpretando sus dificultades como un defecto de personalidad y no como una condición que puede ser tratada.
Entre las manifestaciones frecuentes aparecen síntomas físicos como rubor, hormigueo en las manos o dificultades para hablar, además de pensamientos negativos posteriores a los encuentros sociales.
También pueden aparecer conductas destinadas a evitar la exposición, como permanecer en silencio, responder de manera muy breve, utilizar el teléfono para no interactuar o mantenerse siempre cerca de una persona conocida.
Los llamados “comportamientos de seguridad”
Una de las cuestiones que los especialistas identifican como problemática es el uso de determinadas estrategias para intentar reducir la ansiedad en situaciones sociales.
Entre ellas aparecen preparar de antemano cada frase, evitar el contacto visual, mantenerse al margen de un grupo o recurrir a temas de conversación considerados seguros.
Aunque estas conductas pueden brindar alivio momentáneo, también pueden contribuir a mantener el miedo, porque impiden comprobar qué ocurriría si la persona se desenvolviera sin utilizarlas.
El mayor uso de teléfonos inteligentes y la reducción de determinadas interacciones presenciales también son señalados por especialistas como factores que pueden favorecer el aislamiento social.
Cómo afrontar progresivamente la ansiedad social
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es considerada uno de los principales tratamientos para la ansiedad social. Este abordaje trabaja sobre los pensamientos y comportamientos que mantienen el problema y busca desarrollar nuevas formas de afrontar las situaciones que generan temor.
El psicólogo David Clark, de la Universidad de Oxford, recomienda además algunas estrategias que pueden complementar el tratamiento profesional.
Una de ellas consiste en dejar de concentrarse permanentemente en uno mismo durante una interacción. En lugar de preguntarse constantemente cómo se está hablando, si se está sonrojado o qué impresión se está generando, propone dirigir la atención hacia la conversación, la otra persona o el entorno.
Otra herramienta consiste en poner a prueba, de manera gradual, los pensamientos negativos mediante pequeñas experiencias. Por ejemplo, hacer una pregunta durante una reunión o participar de una conversación grupal y observar qué sucede realmente.
El objetivo es contrastar las predicciones negativas con lo que ocurre en la práctica.
Evitar darle vueltas a cada situación
Otro hábito que puede reforzar la ansiedad es repasar de manera constante lo ocurrido después de un encuentro social.
Las personas pueden interpretar una conversación de forma mucho más negativa de lo que realmente sucedió y quedarse pensando durante horas en supuestos errores o situaciones incómodas.
Por eso, los especialistas recomiendan evitar ese análisis permanente y trabajar sobre interpretaciones más realistas de lo ocurrido.
Un proceso gradual
El caso de Mary muestra que superar las dificultades vinculadas con la ansiedad social no necesariamente ocurre de un día para otro.
Después de recibir tratamiento mediante terapia cognitivo-conductual, comenzó a participar nuevamente en actividades grupales. En su etapa de posgrado encontró que los grupos pequeños le resultaban más accesibles y también se incorporó a un grupo de astronomía.
La experiencia, según relató, continúa teniendo dificultades, pero ahora cuenta con herramientas para afrontarlas.
La ansiedad social puede tratarse y mejorar con acompañamiento profesional. Reconocer las señales, evitar interpretar el problema como una falla personal y buscar ayuda cuando comienza a interferir con la vida cotidiana son pasos importantes para recuperar progresivamente espacios de estudio, trabajo, vínculos y participación social.
Fuente: BBC Mundo / La Nación.


