La persistencia del enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán ha generado una onda expansiva de incertidumbre en las principales capitales financieras.
El temor a una interrupción prolongada en el suministro energético, sumado al cierre estratégico del Estrecho de Ormuz, ha disparado los precios del crudo y el gas a niveles que no se veían desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022.
Desplome en los índices internacionales
El continente asiático fue el primero en reaccionar con caídas drásticas, seguido por una apertura europea marcadamente bajista:
Asia: Tokio lideró las pérdidas con un derrumbe del 5,24%, seguido por Seúl (-5,96%) y Hong Kong (-1,35%).
Europa: Los principales parqués operan con bajas que promedian el 2,7%. Madrid sufre la mayor caída con un -3,22%, llevando al Ibex 35 a perder un 10% de su valor en apenas una semana.
Petróleo: El barril de Brent y el WTI tocaron los US$ 120 por la mañana, aunque moderaron su suba hacia la zona de los US$ 103 – US$ 105 ante la expectativa de una intervención del G7.
La crisis energética se profundiza
El mercado del gas también refleja la gravedad de la situación. El contrato de futuros TTF holandés (referencia europea) se disparó un 15%, alcanzando los 61,7 euros por megavatio hora. La amenaza sobre las exportaciones de gas natural licuado del Golfo Pérsico pone en jaque la seguridad energética de la Unión Europea en el corto plazo.
Dato Clave: El G7 evalúa este lunes una liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo para frenar la escalada de precios y compensar el bloqueo del 20% del crudo mundial que transita por el Estrecho de Ormuz.
Impacto en la economía real
La disparada de los costos energéticos amenaza con reactivar las presiones inflacionarias globales, justo cuando los bancos centrales intentaban estabilizar las tasas de interés. Los analistas advierten que, de prolongarse el conflicto, el escenario de «estanflación» (estancamiento con inflación) vuelve a ser una posibilidad latente para las economías occidentales.


