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martes 10 febrero 2026

River y Boca, presos de sus propios monstruos

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Marcelo Gallardo y Juan Román Riquelme construyeron su idolatría como futbolistas. El Muñeco, sobre todo como técnico. El presente expone todas sus falencias. Consecuencias de bajarse del póster. ¿Podrán reaccionar antes de que se los devore el caos?

River y Boca en crisis. Gallardo y Riquelme parecen olvidarse de que el escudo está por encima de los nombres. Foto: DIB

Por Daniel Avellaneda

Como si estuvieran en poder de esa mítica criatura de proporciones colosales, River y Boca están atravesados por una crisis que tiene el tamaño del Leviatán. También gigantes, los clubes más poderosos del país sufren por sus propios monstruos. Conviven con ellos a bordo de una dualidad que atormenta a sus tribunas. A fin de cuentas, Marcelo Gallardo y Juan Román Riquelme no dejan de ser dos ídolos, pero ahora mismo son los símbolos del caos.

Hay una coincidencia entre el técnico de banda roja y el presidente azul y oro. Ambos fueron eximios jugadores, dueños de un talento depurado, diestros y fuera de clase. El “10” se dibujó en sus enormes espaldas en la década del ’90 y los transformó en inmaculados. El Muñeco trascendió su figura como jugador al corporizarse en el entrenador más ganador de la historia millonaria. Román, héroe en la conquista de la última Libertadores, se bajó del pedestal cuando comenzó a transitar el camino de la política interna. Hoy, los dos están en la mira de los hinchas, quienes los señalan como los principales responsables de la debacle deportiva.

La estatua está oxidada

Sobre avenida Figueroa Alcorta, el monumento de bronce empieza a ser opaco. Nada podrá borrar la memoria emotiva, pero el presente es estremecedor. La segunda etapa de Gallardo en River entró en la cuenta regresiva. Desde que regresó al club, en agosto de 2024, no pudo ganar un título. Y los golpes fueron muy fuertes. Sin ir más lejos, el sábado sufrió la derrota más oprobiosa de su ciclo: fue aplastado por Tigre, que le ganó 4 a 1 en el mismísimo Monumental.

El Muñeco tuvo un cheque en blanco, de los hinchas y de los dirigentes. En las tribunas lo convirtieron en Dios, y no es para menos. Y Jorge Brito y Stéfano Di Carlo le abrieron la billetera. Se gastaron 75 millones de dólares en 2025 y otros 10 millones en el inicio de 2026. El año pasado, el fracaso futbolístico fue inmenso. Y en el comienzo de esta temporada, nada hace imaginar un futuro mejor después del papelón del último fin de semana.

De los últimos 17 partidos, River apenas ganó 4. Perdió 5 de los últimos 6 encuentros que jugó en Núñez. Antes era una fortaleza; ahora, gana cualquiera. Los refuerzos no terminan de estar a la altura del club. El sábado, Maximiliano Salas se fue silbado. Se pagaron 11 millones de dólares por el pase de un jugador que era decisivo en Racing y no gravita en Udaondo y Figueroa Alcorta.

En estas cuatro fechas, River es el equipo que más disparos ejecuta por partido, casi 18. También, uno de los que más grandes ocasiones falla abajo del arco. Una señal de que falta un número “9”, por más que Gallardo se empecine en negarlo. ¿O acaso Lucas Pratto, Lucas Alario, Rafael Santos Borré, Lucas Beltrán y Julián Alvarez no fueron referentes del área durante los mejores momentos del primer período del Muñeco? Ni Salas ni Facundo Colidio ni Sebastián Driussi -lesionado- son centrodelanteros. Los tres llevan una sequía importante, que supera los 10 partidos sin goles (Colidio, 22).

En este contexto, las redes sociales son contundentes. Ahí mismo, en esa tribuna virtual, se pide la salida del técnico. El Muñeco sabe que no tiene demasiado margen. Puertas adentro, se supo que se dio un plazo de dos meses para revertir esta situación. La fecha coincide con el inicio de la fase de grupos de la Sudamericana, que será a principios de abril.

El póster se mancha

Cuando decidió acompañar a Jorge Amor Ameal, Riquelme sabía que podía ser salpicado por el barro. Como vicepresidente y cabeza del Consejo de Fútbol, fue acompañado por los títulos. Se ganaron dos campeonatos locales y una Supercopa Argentina. Incluso, llegó a la final de la Libertadores que Boca perdió con Fluminense en Río de Janeiro.

Elegido como presidente, quedó expuesto como cabeza de la gestión. En tres temporadas, el equipo no ganó nada. Diego Martínez, Fernando Gago, Miguel Angel Russo y ahora Claudio Úbeda no lograron enderezar el rumbo.

Román está enojado con los jugadores y la decisión de sostener en su cargo al ayudante del fallecido entrenador empieza a ser un bumerán. Los hinchas le apuntan a Úbeda, pero sobre todo a Riquelme que por más que públicamente se muestre indulgente, recibirá más críticas a su deficitaria conducción en proporción al trabajo del entrenador que eligió.

El presidente habló con los jugadores en la práctica del lunes, un día que iba a ser libre hasta que el propio Román le pidió a Úbeda que no había lugar posible para el descanso. Riquelme suele meterse en el terreno de los técnicos. Pasó con todos, desde Russo en sus dos etapas hasta Sebastián Battaglia. Basta con recordar cuando hizo bajar a los futbolistas del micro tras una derrota con Gimnasia en la Bombonera.

Los problemas de Boca no pasan tanto por el ataque, donde es cierto que tiene una colección de lesionados, pero también un alto promedio de eficacia, por más que no remate tanto al arco: casi uno de cada dos tiros termina en gol.

El funcionamiento depende demasiado del desequilibrio individual y la gestación del juego, más allá de Leandro Paredes, necesita de Ander Herrera, otro que sufre constantes problemas musculares. Tampoco está Carlos Palacios, el enganche, que tiene una sinovitis.

Hay otra cuestión a la hora del análisis que, incluso, supera al propio Úbeda. Hace dos años que los xeneizes padecen una racha negra en condición de visitante. A los números hay que remitirse. Tomando en cuenta el período 2024-2026, temporadas que abarcan a Martínez, Gago y Russo-Ubeda, Boca tiene el 37,2% de efectividad lejos de la Bombonera. De 43 partidos disputados fuera de casa, apenas ganó 12. El resto fueron 12 empates y 19 derrotas con 46 goles a favor y 49 en contra.

River y Boca, unidos por el enojo

Los hinchas de River y Boca, cultores de un antagonismo histórico, hoy comparten la bronca por la realidad de sus equipos, que tendrán más estructura y millones, pero no arrancan. Gallardo y Riquelme parecen olvidarse de que el escudo está por encima de los nombres. Perpetuarse en el poder no es sano. Solo hay una diferencia entre el Muñeco y Román: uno puede dar un paso al costado y el otro depende del voto popular. Aunque los dos pueden terminar del mismo modo, tarde o temprano, si no hay una pronta reacción. (DIB)

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