Una investigación en Alemania analizó a casi 174 mil adultos y detectó una relación directa entre la cantidad de cigarrillos y la severidad de los síntomas depresivos.

El consumo de cigarrillos no solo impacta en la salud física, sino que también podría tener consecuencias profundas en la salud mental. Un amplio estudio realizado en Alemania reveló que las personas que fuman —o que fumaron alguna vez— presentan una mayor prevalencia de depresión a lo largo de su vida, en comparación con quienes nunca consumieron tabaco.
La investigación fue desarrollada por científicos del Central Institute of Mental Health (CIMH) de Mannheim y se basó en el análisis de datos de 173.890 adultos de entre 19 y 72 años, en el marco de la German National Cohort (NAKO), la mayor base poblacional del país. Los resultados fueron publicados en la revista científica BMC Public Health.
Según el estudio, tanto los fumadores activos como los exfumadores mostraron índices más elevados de depresión que los no fumadores. “Aunque la relación entre fumar y depresión ya era conocida, los mecanismos que explican este vínculo todavía no están del todo claros”, explicó Maja Völker, investigadora del Departamento de Epidemiología Genética en Psiquiatría del CIMH.
Los participantes respondieron entrevistas y cuestionarios vinculados a diagnósticos médicos, síntomas actuales de depresión, condiciones de vida y hábitos de consumo, lo que permitió a los especialistas trazar un panorama detallado de la relación entre tabaco y bienestar emocional.
Efecto dosis-respuesta: cuanto más se fuma, mayor es el impacto
Uno de los hallazgos centrales del trabajo fue la existencia de un efecto dosis-respuesta. El análisis dividió a los participantes en tres grupos: 81.775 personas que nunca fumaron, 58.004 exfumadores y 34.111 fumadores actuales. En este último grupo, se observó que a mayor cantidad de cigarrillos diarios, más intensos eran los síntomas depresivos.
“Por cada cigarrillo adicional consumido al día, la severidad de los síntomas aumenta en promedio 0,05 puntos”, detalló Carolin Marie Callies, investigadora de la Universidad de Mannheim. El efecto fue especialmente marcado en personas de entre 40 y 59 años, lo que sugiere que el tiempo de exposición al tabaco juega un rol clave en la interacción entre el consumo y la salud mental.
Los especialistas remarcaron además que dejar de fumar reduce el riesgo de episodios depresivos y puede generar mejoras sostenidas en el bienestar emocional, reforzando la importancia de las políticas de prevención y de acompañamiento para quienes buscan abandonar el hábito.
El estudio aporta nueva evidencia científica sobre los efectos silenciosos del tabaco, y suma un argumento más a favor de promover estrategias integrales que contemplen tanto la salud física como la mental.
Fuente Infobae


