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viernes 6 febrero 2026

Una andanada de desocupados busca sobrevivir en aplicaciones: ¿es sustentable ese modelo?

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Los miles de empleos perdidos desde el inicio del gobierno de Milei empujan a trabajadores a Uber, Cabify, Didi y el reparto. Crece la precarización y se resiente el mercado laboral.

Desde noviembre de 2023, pocas semanas antes de la asunción de Javier Milei como presidente, la Argentina perdió más de 270.000 puestos de trabajo, con un impacto particularmente fuerte en la administración pública, la construcción y la industria.


Frente a la falta de alternativas, miles de desocupados buscan sobrevivir como pueden trabajando en aplicaciones de transporte como Uber, Cabify o Didi, mientras que otros se volcaron al reparto a través de Pedidos Ya, Rappi o Mercado Libre.

Se trata de una tendencia en expansión que funciona como red de contención ante la caída del empleo formal, aunque con condiciones laborales cada vez más frágiles.


El fenómeno no es exclusivo de trabajadores argentinos. También se observa una fuerte presencia de migrantes venezolanos y colombianos, que llegaron al país escapando de la crisis económica en sus naciones de origen y encontraron en las plataformas digitales una de las pocas puertas de ingreso al mercado laboral.


Los datos oficiales confirman la magnitud del deterioro. Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), en noviembre de 2023 el sistema registraba 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores. Para octubre de 2025, las cifras descendieron a 491.311 empresas y 9.584.566 trabajadores, lo que implica que 272.607 personas perdieron su empleo en apenas dos años.


Buena parte de esos trabajadores hoy se desempeñan como monotributistas, sin estabilidad, sin cobertura plena y con ingresos variables. El proceso refuerza un cambio estructural del mercado laboral argentino, con menos empleo registrado y mayor informalidad encubierta.


El ajuste aplicado por el gobierno libertario, considerado por especialistas como el más profundo de la historia reciente, impactó con fuerza en los sectores medios, especialmente a partir de los tarifazos en servicios públicos. Las subas del gas, el agua y la energía dejaron a miles de familias endeudadas, reduciendo aún más el consumo y el margen de maniobra económica.


A este escenario se suma un creciente aumento de las importaciones, que genera alarma en distintos sectores productivos. No se trata solo del ingreso reciente de 5.000 autos chinos, sino también del avance del comercio electrónico puerta a puerta a través de plataformas como Shein y Temu, cuyo volumen encendió luces de advertencia incluso dentro de Mercado Libre, que trasladó su preocupación a funcionarios de alto nivel.


Mientras tanto, el Gobierno recibe felicitaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) por la decisión de comenzar a recomponer reservas, en una relación que remite inevitablemente a los años 90, cuando la Argentina fue presentada como el alumno ejemplar del organismo durante la presidencia de Carlos Menem, una experiencia que terminó en una de las peores crisis económicas y sociales del país.


El interrogante vuelve a instalarse: ¿es sustentable un modelo que reemplaza empleo formal por trabajo en aplicaciones? Y, sobre todo, cuántos sectores podrán resistir una transformación que avanza rápido y deja, en el camino, a miles de trabajadores sin red de protección.

Fuente Agencia Noticias Argentinas

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