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domingo 11 enero 2026

Adiós al «Troilo de la trompeta»: murió Robert “Fats” Fernández, figura central del jazz argentino

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Tenía 88 años. Nacido en La Boca, tocó con el Gato Barbieri, Ray Charles y Dizzy Gillespie.

El trompetista Robert “Fats” Fernández, una de las figuras más influyentes y respetadas del jazz argentino y de la música popular urbana, murió este miércoles a los 88 años, según confirmaron allegados al músico.

Nacido y criado en el barrio porteño de La Boca, Fernández desarrolló una trayectoria de casi cinco décadas marcada por la versatilidad, la potencia expresiva y una identidad sonora inconfundible, que lo convirtió en una referencia transversal para distintas generaciones y estilos musicales.

Fats Fernández comenzó a tocar la trompeta a los seis años en la banda de exploradores del Colegio Don Bosco, a metros de su casa. A los 14 ya se ganaba la vida con el instrumento, una actividad que sostuvo sin interrupciones a lo largo de toda su vida. Ese camino lo llevó a integrar el quinteto de Gato Barbieri, a desempeñarse durante años como “trompetista latino” de la Georgians Jazz Band y a compartir escenarios con figuras internacionales como Ray Charles, Dizzy Gillespie, Chick Corea, Paquito de Rivera, Arturo Sandoval y los hermanos Marsalis.

Su sonido y su fraseo le valieron elogios que se volvieron legendarios. Dizzy Gillespie lo apodó “Golden Sound”, Freddie Hubbard lo llamó “Mr. Chops” y Astor Piazzolla lo definió como “el Troilo de la trompeta”, en referencia a su lirismo, su profundidad expresiva y su fuerte identidad porteña.

Lejos de encasillarse en un solo género, Fernández construyó un repertorio donde convivieron el jazz, el tango, la música popular argentina y composiciones propias. “Yo soy un músico de esta ciudad, toco tango desde chico y el tango forma parte de mi vida. No veo por qué no pueda incorporarse al jazz el repertorio de la música popular argentina”, afirmó en una entrevista con Página/12. Para él, el jazz no era un territorio elitista, sino una herramienta de libertad creativa.

Además de su extensa labor artística, fue un docente comprometido con la formación de nuevas generaciones. Estudiaba y tocaba todos los días y solía repetir que “si la música no se toca con el corazón, no es música, son notas”. Grabó sus discos a partir de fines de los años ochenta en el sello Melopea, convocado por Litto Nebbia, trabajó en música para cine, acompañó a artistas populares y participó en programas de televisión, siempre sin prejuicios ni jerarquías.

La muerte de Robert “Fats” Fernández deja un vacío profundo en el jazz argentino, pero también una herencia sonora marcada por el compromiso, la identidad y una forma de tocar en la que, como él mismo decía, el corazón siempre estuvo primero.

Fuente: Agencia Noticias Argentinas

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