37.8 C
Olavarría
domingo 11 enero 2026

San Jorge, el pueblo que nació sin tren y creció con el alma a cielo abierto

Más leídos

A la vera de la ruta 51, en el partido de Laprida, se alza una localidad de calles tranquilas, ochavas espléndidas y romerías que no se apagan. Con apenas 300 habitantes, conserva una identidad tan propia como resistente.

Hay pueblos que se explican por lo que tienen. San Jorge, en cambio, se explica también por lo que no tuvo: el ferrocarril. Aún así, supo crecer próspero y vivo, como un secreto bien guardado entre los campos del sudeste bonaerense, a tiro de piedra de Olavarría y en el corazón de quienes aman la vida sencilla, pero llena de historia.

Ubicado sobre la ruta 51 —a la que se accede tras un recorrido que ya anuncia lejanía y paz—, San Jorge es el único pueblo del partido de Laprida que se asoma a esa vía. Su traza urbana es un reflejo de otras épocas: calles anchas, tranquilas, con ochavas que dibujan esquinas perfectas y una calma que se respira como aroma a tierra mojada.

Uno de sus emblemas arquitectónicos es la Delegación Municipal, obra del recordado arquitecto Francisco Salamone. Aquí, sin embargo, Salamone dejó de lado el monumentalismo futurista de sus cementerios y mataderos, y optó por un estilo neocolonial sobrio y elegante, con arcadas, techos de tejas y una escala humana que dialoga con el paisaje. No es un edificio que impone; es uno que recibe.

En una esquina casi a la salida del pueblo, todavía se mantienen en pie viejos surtidores de nafta, mudos testigos de los viajes a motor que reemplazaron al tren que nunca llegó. Cerca, la escuela, la plaza arbolada y el club social completan el retrato de una comunidad que se sostiene en lo colectivo.

El nombre del pueblo homenajea a Jorge Keen, miembro de una familia de fundadores que dejó su huella en varios pueblos de la región. Una calle también lo recuerda, al igual que a Héctor de Elia, quien continuó aquel legado colonizador. La historia local se cuenta así, entre nombres de calles y memorias que los más antiguos mantienen vivas.

Pero si hay algo que definía el espíritu de San Jorge en la memoria de sus antiguos habitantes eran sus romerías, aquellas fiestas tradicionales de los inmigrantes —especialmente vascos y españoles— que se celebranban con fe, música, comidas típicas y encuentro comunitario. Son recuerdos donde el pasado se hace presente.

“Los pueblos son parecidos en muchos aspectos, pero como nosotros mismos, son únicos”, suele decir un vecino mientras camina hacia la plaza al atardecer. San Jorge lo confirma: en su silencio hay ruido de historias; en su pequeñez, una grandeza que no se mide en números, sino en identidad.

Hoy, con alrededor de 300 habitantes, resiste el éxodo rural sin perder la esencia. Para algunos olavarrienses representa sus raíces, y un destino cercano para escaparse a tomar mate bajo un árbol, comprar dulces caseros o simplemente recordar que la vida puede ser lenta y profunda.

(InfoNoticias)

- Advertisement -spot_img

Más noticias

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Últimos artículos